Con la desaparición de Hemiauchenia y Paleolama durante la última glaciación, los camélidos de la especie Lama quedaron sin competencia, logrando una amplia distribución por las regiones montañosas y mesetas alto andinas de Sudamérica. A partir de este momento aparecen las variedades silvestres guanacos y vicuñas, de las que el hombre andino, con paciente selección, logró tras aproximadamente seis mil años de continua selección crear a las actuales llama y alpaca. Ambas especies desarrolladas para el máximo aprovechamiento del hombre andino de las características naturales que presentan estos nobles animales.

La llama, versión doméstica del guanaco, fue básicamente orientada al consumo como carne y como animal de carga. En cambio la alpaca, derivada de la vicuña, desde el comienzo se la oriento a la producción de fibras finas como insumo para la industria textil.

Dentro de las alpacas existen las variedades wakaya y suri. Las primeras forman el 90 % de nuestros rebaños y son animales fuertes y robustos, de fibra no muy larga. La variedad suri son esbeltas finas, más delicadas, destacando por su pelo largo y delgado.

El tema de la industrialización de la fibra de este hermoso animal es darle continuidad a un proyecto nacional que desde un principio no estuvo orientado solo a la consecución de la una de las mejores fibras del mundo para tejido, sino para llevar desarrollo y riqueza a una zona grávemente deprimida debido a la falta de recursos que caracteriza el páramo altoandino.

La presencia de una industria con una gran capacidad instalada da una alternativa, debido al volumen de adquisición, a la lamentable situación de la perdida de valiosos animales sacrificados como alimento o vendidos al extranjero.

En épocas del Imperio Inca la redistribucion de diversos productos, entre los que destacan los tejidos y vestimentas en general, fue la base de un complejo sistema de administración exitoso para nuestro territorio. Por eso podemos afirmar que la crianza de la alpaca fue durante cientos de años política de estado, castigando severamente las acciones que atenten contra su desarrollo. Jamas se sacrifico una alpaca que no sea con un fin propiciatorio.


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